Festejo de ausentes en Palacio, en el primer año de Calderón


Ni poderosos empresarios, como Slim, ni líderes de oposición… Unos 200 lugares sin llenar en el primer aniversario del gobierno de Calderón.
Dieron las once en el Palacio Nacional, el momento para el único discurso de celebración por el primer año de Felipe Calderón como presidente, y los miembros de su equipo de logística se resignaron a que no llegaran alrededor de 240 invitados…

Esas ausencias (150 en el costado noreste del patio central y 90 en el otro lado) dieron pie para interpretar los vacíos políticos de quienes ostentan representaciones de Estado y no llegaron a un festejo que se presumió de recuperación de gobernabilidad.

Las sillas vacías seguro eran para invitados en listas que no pudieron, o no quisieron, llegar. Pero tampoco estuvieron otros que, en tiempos de presidentes priistas, eran interlocutores invitables y que disputaban un lugar.

Por ejemplo, los que representan a otros poderes. Sí se notó a Guillermo Ortiz Mayagoitia, presidente de la Corte, porque estuvo en la mesa de Calderón, pero no a más miembros destacados del Poder Judicial. Tampoco del Legislativo se vieron miembros notables de las bancadas que no fueran los del PAN. Otra vez el vacío de Ruth Zavaleta, la presidenta de la Cámara de Diputados, cuya representación quiso ocupar el panista Cristian Castaño, y de líderes de los ocho partidos. Las miradas y las cámaras sólo encontraron a los salientes Manuel Espino y José Espina.

De otras correas del poder federado, por ejemplo de los 32 gobernantes de las entidades, se vieron muy pocos: los de Tabasco, Guanajuato, Nayarit, Campeche, Durango, Sinaloa, Morelos y San Luis Potosí. Se notaron poco. Se mencionaba, sin confirmarlo, que llegaron los de Yucatán, Querétaro, Tlaxcala y Baja California Sur.

Y, como de poder se trataba, contrastaron las ausencias de los liderazgos empresariales, como el de Carlos Slim, o de los presidentes de las cámaras o de los banqueros, porque sólo paseaba Claudio X. González. Igual que el más notable de los líderes sindicales era Carlos Romero Deschamps, resaltaba la ausencia de otros grandes del Congreso del Trabajo o de la UNT o de la burocracia. Incluso nadie vio a la mandamás del SNTE, Elba Esther Gordillo, ni a los principales líderes de campesinos, ni a los destacados de organismos no gubernamentales, ni a intelectuales. Ausencias que pesan.

Era muy ligero, para un Estado fuerte, el paisaje dominante: un frente de secretarios, subsecretarios y otros mandos del Ejecutivo; de invitados de recursos económicos ostensibles en la ropa; de muchos guías de cultos, pero destacado sólo Onésimo Zepeda, el infalible obispo de Ecatepec; de deportistas politizados (Ana Gabriela Guevara, Iridia y Óscar Salazar, Alejandro Cárdenas, Roberto Alvez, Zague).

Los presentes parecían muy cercanos a este gobierno, como pudo constatarlo Calderón durante los 25 minutos que duró su paseíllo de saludar, mirar a los ojos y sonreír alegre, antes del desayuno.

Pero, la alegria colectiva y abierta también estuvo ausente. No hubo vítores ni jolgorio ni bailes ni cantos. Sólo pudieron registrarse tres tímidos aplausos, durante los 32 minutos de recuentos del Presidente, cuando agradeció a los legisladores de su partido por aquel 1 de diciembre, a su esposa Margarita Zavala, “por ser el gran apoyo y fortaleza personal, y a sus hijos, por comprender “el tiempo que no les dedico”.

Quizá todos compartían la misma herida abierta del momento traumático de hace un año, cuando la difícil asunción a la Presidencia, como lo reflejó Calderón al referirlo ocho veces.

La misma celebración no tuvo el boato que otros presidentes han ostentado: en alimentos fue un menú michoacano de huchepos, corundas y semitas de piloncillo. No se oyó música festiva para baile, sino de piano suave que arrancó con Bésame Mucho, al parecer sin más intención que amenizar.

Igual, Calderón no presentó sorpresas en su discurso de celebración. El recuento de obras y proyectos —testificaban los reporteros de la fuente presidencial— ya tenía tres días repitiéndolo.

Escatimó incluso los mensajes cifrados o apoyos a nadie. Aparte de los saludos protocolarios al principio sólo refirió al gobernador Andrés Granier, “por su testimonio y su trabajo ejemplar” ante las inundaciones en Tabasco de octubre pasado.

Los ausentes muy explicables eran; algunas decenas batallaban por acercarse a la conmemoración, pero se los impedían cuatro vallas o cinturones de seguridad de policías preventivos, granaderos, Policía Federal Preventiva y Estado Mayor Presidencial, que mantenían a raya a manifestantes más allá de la plancha del Zócalo.

Un año de gobierno, una celebración, recuentos, presencias y ausencias muy notorias para un Poder Ejecutivo con más retos que motivos de fiesta.

“Aún tenemos graves problemas y desafíos”, refirió varias veces Calderón, pero machacando también, “tenemos también un rumbo claro y definido”.
Día de ausencias notables ayer en el Palacio Nacional.

Crónica del Universal por: W. J. Segovia

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